Volvió de madrugada empapado en alcohol, con la última copa aún en la mano; era un premio, un talismán, un fetiche o tal vez un recuerdo, un cáliz para ir bendiciendo por la calle a los cuervos. Le cegaba el sol. ¿Para qué quiero ahora tu luz? - pensó.
Tres puertas, tres llaves; con los sentidos tan mermados es un acertijo cruel. ¿Cómo me las arreglaré? Ensayo y error. Ensayo y error; y después de siete experimentos, por fín, entró en casa. Tiritando de frío se arrastró del último trago al colchón.
Dulce soledad cuando uno elige el momento y el lugar. Se sentía débil, agotado, extenuado en cuerpo y alma; no le hubiera gustado compartir con nadie esa fragilidad. Tantas horas despierto, tantos excesos... Otro día me hubiera matado por un abrazo, pero hoy necesito más que nada exiliarme sólo en mis sueños.
Fatigosa duermevela entre pesadilla y pesadilla. Y peor le supieron los desvelos, casi febril, con la mente libre ya de la dulce anestesia del vino.
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