lunes, 27 de febrero de 2012

Cabeza desmontada

Los ojos, izquierdo y derecho, querían verse frente a frente; desafiándose girando en círculos, recelosos, midiéndose.
La boca quería ser comida y renacer luego como el Ave Fénix. Boca inocente.
La nariz sólo reconocía un aroma, del cuál nunca hablaba.
Los oídos no paraban de quejarse y, salvo los días de concierto, ya nadie les prestaba atención.
La mente soñaba con pisotear por sí sóla el césped, sentir el viento sin cara, contenerse por un instante entre los dientes de una dama.

Estaba hecha un asco esa cabeza desmontada, pero no quise tirarla por si me hiciera falta un repuesto.

2 comentarios:

  1. y el tacto, ¿está agusto?

    (y el gusto... ¿está atacto?)

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    1. El tacto tuvo el gusto de sentirlo todo, lo que implica que también sufrió un rato, y después de un arañazo se quedó congelado.

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