martes, 15 de noviembre de 2011

El clan de los Rigoberto

Siendo un niño Rigoberto Junior, pensando que su gato (Rigoberto II) tenía el rabo demasiado largo, tuvo la feliz idea de cortárselo. A su corta edad era consciente de que su "operación" no sería agradable para el felino, pero no podía abandonar sus planes por convicciones estéticas. Así que un día, con premeditación y alebosía, le amputó a Rigoberto II su elegante rabo mientras dormía. El minino se despertó aullando y ciego de dolor y se revolvió contra su dueño. Como resultado, Rigoberto Junior luce la cicatriz de un profundo zarpazo que le cruza la cara de arriba a abajo.

Don Rigoberto, hombre sabio, felizmente casado, gozando de una vida plena, se encuentra un día a su hijo llorando con la cara cortada y el rabo del gato todavía en la mano. Como casi todos los padres su primera reacción es ir a por el gato, que está acojonado y dolorido en un rincón sin entender nada, y cogerlo del cuello para estrangularlo. Pero un hombre tan singular, con un ingenio tan refinado y un sentido de la justicia tan noble, no se rebaja nunca a cometer actos tan zafios. Así que cogió a Junior entre sus fuertes brazos, el cual pataleaba sin dejar de acusar y maldecir al gato, y mientras le curaba la fea herida, con aladas palabras en versión infantil, le explicó que la venganza solo perpetuaría el odio, que Rigoberto II sólo se había defendido y que él le había querido cortar el rabo porque no sabía realmente la magnitud del dolor causado, hasta que ese dolor no le había sido devuelto.
Y luego el padre enseñó a su hijo como curar al gato. Muchas otras cosas le enseñaría mas tarde, pero ese día hizo de su hijo el hombre más joven en entender que el odio no lleva a ninguna parte. Bueno, como mucho al sufrimiento y después al lado oscuro.

El gato sin rabo y el niño con la cabeza igual que una bandera fueron siempre amigos inseparables, hasta el fallecimiento del gato en 2009, por causas naturales, a los 17 años de edad. Que en paz descanse.

Algunos creerán que la moraleja es "quien baja la guardia se queda sin rabo".

No hay comentarios:

Publicar un comentario