- "Yo tendría unos cinco años y una tarde de verano, por indicación de mi primo mayor, me abrazé a un cactus fuerte fuerte, porque al parecer es una prueba que todos los niños deben pasar alguna vez.
Después de la prueba mi primo me llevó, entre vítores y aplausos, a lavar mis heridas a una palancana con vinagre. Escocía a rabiar, pero yo aguanté, porque según decía mi primo los guerreros todo lo aguantan, y yo era uno de los más valientes que jamás se habían visto.
Después de mi hazaña me ofreció una guindilla, hablándome con mucha elocuencia de sus magníficas propiedades, diciéndome que me relajaría y me haría mas fuerte, y yo me la llevé a la boca con total inocencia."
- Pero señor, esto es una joyería ¿Por qué me cuenta usted eso?
- ¿Acaso no ha entendido nada? Quiero para mi primo el mejor reloj que tenga. Es su cumpleaños.
- ¿Después de lo que le hizo?
- Tiene usted razón, quizá un reloj sea poca cosa. Al fin y al cabo gracias a él soy el guerrero mas fuerte del mundo.
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