lunes, 28 de noviembre de 2011

A dónde me lleva la bicicleta

A través de las ramas desnudas de los árboles, a través del amasijo de hierros que brotan de las plataformas en los astilleros, mis ojos tocan el agua. Veo el mar a través de estos filtros y no sé decir si es feo o hermoso.
A mis espaldas un monje petrificado recibe alhajas y dones de los supersticiosos. Para honrar su memoria han enterrado con flores la inscripción con su nombre y su obra. No sé quién es.
En el suelo hay, incrustados, botones de colores, como salpicaduras después de haber pintado el cielo. Algún artista psicodélico que quería divertir a los niños. Y hablando de niños, hay dos de piedra sobre una fuente. Se dan la espalda y tienen el cuerpo tatuado con un cartel que reza "SPAGNOLI 1951".
¿Dónde estoy? No quiero saberlo. Así podré inventar leyendas de este lugar. Me imaginaré la paz y las guerras, héroes y villanos, amores y tragedias.
Vendré aquí sólo, sin decírselo a nadie, a este sitio tan común rodeado de edificios. Así desapareceré un rato.
Si alguna vez, paseando acompañado, llegamos a este lugar, me haré el loco, como si nunca antes hubiera estado. Será como un secreto escrito en un tablón de anuncios.

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