Me dió por abrazar a un demonio maligno. Era maligno, cierto, pero joder no le funcionaba el radiador y pensé que tendría frío. Resultó ser tan suave que al abrazarlo me daba miedo romperle los huesitos.
En mitad de la noche me despertaron unos rugidos terribles. Se me heló la sangre. "No te preocupes" me dijo, "mi guarida esta viva y gusta de engullir a los extraños, pero no te ocurrirá nada estando conmigo". Así que me hice muy muy pequeño para que pudiera rodearme con sus brazos, el Maldito, y empecé a sentirme mucho mejor.
Al final le acabé cogiendo cariño y quise secuestrarlo, pero el mono del café le estaba volviendo loco y no tuve más remedio que dejarle marchar, antes de que me arañase.
Hacía una mañana estupenda.
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