martes, 20 de diciembre de 2011
Dos días en el sofá
Estoy tirado en el sofá. Llevo aquí un par de días, sin apenas moverme. ¡Qué decadencia! A mi alrededor sólo hay despojos; mi chaqueta en el suelo sobre mis zapatillas, un cenicero colmado de colillas, un par de platos sucios, latillas de conservas vacías, copas aún a medias de la última fiesta y yo mismo, con un aspecto muy desaliñado, en stand-by, lleno de una fuerza durmiente.
Sería mejor que callara, pero...¡es tán inspirador estar perfectamente sobrio en medio de todo este desorden!:
Me acuerdo que estaba muy borracho y había una chica con el pelo rizado, me pedía un cigarro, acto seguido decía que le gustaba mi bloq y me insinuaba algo más. Sutíl, muy sutíl y muy atractiva también, por qué no decirlo. Es sólo que me piyó distraido a propósito. Tampoco se le vino la noche abajo; sospecho que acabó en mi cama, aunque no estaba yo.
Le dí una paliza en un descampado. ¡Pobre convaleciente! Llevadle flores por mí. Me estaba causando sarpullidos en los sueños. A pesar de todo no le odio. ¡Ah!, hablo del Amor y nada tiene que ver con la chica de antes, es un párrafo aparte.
Lo que no pienso decir es a qué ojos me refería en mis últimos versos. ¿Para qué? Nadie me ha preguntado. Me haré el loco. ¿Quién te dice que no estaba hablando de Marlene Dietrich?
No se entiende muy bien lo que digo, lo sé, pero me ayuda a organizarme en este desorden. Ahora sólo me queda recoger un poco y limpiar los platos.
Será mejor que me vaya, para no acabar haciendo el cretino.
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