jueves, 29 de diciembre de 2011

Mis problemas con las mujeres en los primeros años de la pasada década.


Las noches de luna llena tenía por costumbre ir con mi laúd a rondar a las muchachas. Yo casi no hablaba, solo leía de vez en cuando unos versos, o ponía en el disc-man algo de rockanroll.
 Lo cierto es que, mas que un tuno deseado, muchas me veían y pensaban de mí que no era más que un yonkie dándose a la caridad.
Una chica llegó a dejar que la besara con tal de escribirme en la espalda, con el dedo, la palabra "macarra". 
También estaba la que me dijo "trepa, Romeo, que mis padres están durmiendo" y cuando subí y estábamos a punto me susurró "vete de aquí, hueles a hachís".
 No hablemos ya de la que decía "sí, o no, no sé" o de la morena que me amaba a muerte, a mí y a otro al mismo tiempo.
 Pero no siempre era así, también podría hablar de la que me andaba buscando y yo no me enteraba, de aquella terrible violadora (hay quien puede atestiguarlo) o de la que me volvió irremediablemente loco y al día siguiente se fué para casi siempre a Berlín.
Ha llovido desde entonces.

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