Casi acabo ahorcándome una tarde de verano. Hubiera sido tan trágico...con poco más de veinte años. Mi padre encontrando mi cuerpo rígido colgando de una viga, marcando el tiempo como un péndulo, sustituyendo así el ritmo de mis latidos extintos. Mi familia y mis amigos conmocionados, dándome cristiana sepultura, preguntándose por qué y odiándome en cierto modo por haberlos dejado tirados.
Pero lo cierto esque escogí una soga de chocolate. No llegué ni a anudarla, antes empezó a derretirse en mis manos y me la llevé a la boca y bañe mi cuello. Fué tan dulce...si no hubiera estado sólo hubiera sido incluso obsceno.
En otra ocasión, para ser más original, anduve durante horas por la calle chupando cables de alta tensión. Tampoco resultó: era la noche del gran apagón.
No me doy por vencido facilmente, así que comencé una nueva vida ahogado en alcohol. Y quizá el abuso me conducía inevitablemente a la muerte, pero estaba siendo la más lenta y divertida agonía nunca jamás vista (yo buscaba algo más solemne).
Por desidia, alla fine, acabé abandonando mi empeño suicida. Si yo no estoy ¿quién traería la ruina?. Así que ahora, tras una intensa deliberación, he escogido; como hobbie, como pasión, como vicio, como modo de vida, como Yo mismo, como motivo de tu sonrisa, como defecto, como destino; dejarme llevar por la Locura y por la Alegría.
Y no, no pienso ponerle ese título.
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