martes, 24 de enero de 2012

Cuentos de princesas

BUFÓN: ¡Por el amor del cielo, Majestad! Llevo andando por palacio tres cuartos de hora, de cámara en cámara, hasta llegar aquí, a la habitación del trono. Le confieso que en ese tiempo he inventado diversas formas de atentar contra su Real persona, pero ahora no me queda aliento para llevar a cabo el magnicidio. Menos ganas tengo de hacer carantoñas y saltos imposibles, para su divertimento, con este traje tan ridículo. (Bajando el tono y tornando a una expresión más sumisa ) Pero, con la venia, quería tratar con Su Gracia sobre cierto asuntillo...

REY: (Fuera de sí) ¡Acercate, impertinente! Dí lo que tengas que decir.

BUFÓN: Verá, Señor, hace tiempo que vengo cortejando a su hija, aquí presente, Su Alteza la Princesa...(pensativo) ¿Podrá creerme que he olvidado su nombre completo? Mis más sinceras disculpas, como siempre la llamo con apelativos cariñosos que me invento sobre la marcha...En definitiva, que ella me corresponde y, en un descuido, hemos consumado el matrimonio  sin habernos casado. No sé si me entiende. En este preciso instante existe la posibilidad que su vientre aloje un bastardillo... Debería usted contentarse sabiendo que nos amamos, con un amor ¿cómo diría yo? un amor de esos que todo lo pueden. Quizá sea usted demasiado feudal para entenderme, pero puede hacerse cargo de que yo por su hija moriría.

REY: Y morirás, morirás. A las seis en punto de la tarde. ¡Guardias, prendédle! Y tú, hija mía, ¿dime que no es cierto?

PRINCESA: (Entre sollozos de vergüenza e ira) Pero ¡padre! ¡no sé de que está hablando este subnormal!

BUFÓN: Pero ¡Cosita mía! No hagamos un drama, que mira que tu señor padre se propone de verás ahogar mi cuello con una soga esta tarde. Soy aún tan joven, tan viril...(Le guiña un ojo a la princesa)

(A la tarde todo está preparado para la ejecución, el verdugo coloca la soga sobre el cuello del reo)

BUFÓN: (Aparte) Llevan todo el día dándome palos en los calabozos. Estoy tan molido que me vendrá bien un sueñecito. (Bosteza y se queda dormido, en pié)

REY: (Con el semblante desencajado) Pero ¿que ven mis ojos? ¡Este idiota se pone a dormir cuando vamos a matarlo!

PRINCESA: ¡No tiene miedo, padre! ¡Ahora sí que le quiero! ¡Amo a ese hombre! Además, no es mentira que hayamos fornicado.

REY:  ¡Mala muerte me venga! Ofendido, burlado... ¡Ea, sea pues! ¡Mañana os casais y os vais donde nunca más os pueda ver!

(Y el Bufón y la Princesa se casaron felices y comieron perdices. El rey, por su parte, mandó matar a todos los bufones del reino para que no se volviera a repetir. No hay mucho más que decir)


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