miércoles, 11 de enero de 2012

Cosas que pasan

Reapareció mi buen amigo de la infancia, Apolíneo, después de tantos años.

¡Me vienen a la mente tantos recuerdos de mi niñez! Recuerdo con especial nostálgia nuestros vagabundeos por la calle, mientra siesta, con un sol que se caía a cachos y los cachos abrasaban el suelo, y poco nos importaba TODO. Andurreábamos buscando encontrar en cada nueva calle una aventura; un peligro al que hacer frente; un gato al que dar caza; un perro al que convencer para que nos acompañara; un misterio que resolver. Siempre explorando, Hernán Cortés y Francisco Pizarro. Más de una vez acabábamos nuestras andanzas en el río, descalzos, cogiendo renacuajos, o en el campillo prácticando puntería con el tirachinas, tirando a latas o pájaros o lo que fuera menester. A veces hacíamos pandillas con los chicos del barrio y acababa bien, o acababa con una lluvia de piedras y Fulanito en el hospitalillo, cosido con tres puntos. Luego a casa, siempre más tarde de la hora impuesta, lección de moral, a cenar y a acostarse: el reposo del guerrero. ¡No, estamos de vacaciones! Espíritus aguerridos cazando lagartijas a medianoche en la callejuela. La destreza se medía en el número de víctimas, importaba no sólo la precisión sino también el diseño del arma. Los viejos seguían su tertulia fuera de casa, hablando cosas de viejos mientras comían pipas o cacahuetes, ¡sinfonía de mascar cáscaras!, bebiendo vino y re-cenando algún pepino con sal. Ellos a lo suyo y nosotros a lo nuestro, tan sólo alguna vez Gruñón nos dijo "¡Como deis a la farola os corto los webos!". Buen rollito.  Y así nosecuantosmil días con sus noches.

Fué por 1996 cuando Apolíneo dejó de bajar a la calle. Pensé que estaría castigado por alguna pizia que hiciera, pero a los tres días fuí encá su tía, que era amiga de mi abuela de toda la vida, y me lo contó. Resultaba que Apolíneo amaneció místico una mañana, por algún sueño revelador que tuvo o Dios sabe qué. Su madre, por lo visto, decía que de repente se despertó siendo hombre, con barbas y todo. Se cortó al afeitarse y se escuchó en toda la casa un "¡joder!" con voz grave de adulto. Ya os podeis imaginar a la madre, que por no volverse loca fregó la calle una vez detrás de otra, como así atestiguan algunas vecinas, temiendo entrar a casa y ver a su hijo de ocho años así tan mayor y sin casamiento ni dedicación de provecho,  hasta que llegó el marido del campo y se sentaron los tres a la mesa. Habría que haber visto a aquellos pobres padres con los ojos desencajados, la tez blanca como la cal y los pelos como escarpias, viendo a su hijo de ésta guisa, comiendo como un león, con una naturalidad absoluta. Y cuando terminó - me decía su tía - no se le ocurrió otra cosa a la criatura que decirle a sus santos padres que dejaba la casa.

- Me voy unos años a vivir a los Montes de Toledo, a una cueva, mas no tengais temor ni sintais aflicción alguna, que no me faltará alimento que llevarme a la boca, ni calor del fuego, ni techo para guarecerme. Haceros cuenta de que me voy a estudiar al extranjero y que cuando vuelva seré hombre de provecho.

Así terminó de hablar cogió la capacha y mil duros que le dió su madre, por si alguna urgencia, y se fué a la cueva, dejando a sus padres atrás con una llorera terrible, aunque no dejaban de pensar que era lo más sensato pues si lo hubieran tenido en casa ¿Cómo iban a explicar ese cambio asombroso, que la gente no iba a pensar sino que estaba por medio el diablo? Además, Apolíneo había expuesto sus intenciones con tan grave serenidad....¡Cualquiera le decía nada!

No se supo nada más de Apolíneo en muchos años. La gente del pueblo se figuró que sus padres lo habían mandado a un internado, pues, aunque humildes, habían recibido una herencia mediana y eran algo pudientes. Sólo sus mas cercanos sabían la historia de la cueva que a mí me contó su tía, por ser su amigo y de paso con la intención de sonsacarme si me había confiado sus planes o sabía algo al respecto. Pero lo cierto es que yo desconocía por completo las circunstancias. En parte sentía rabia por que no me había hecho partícipe de tan misteriosos asuntos. ¡Apolíneo cabrón, ni siquiera se despidió! En fín, con el tiempo fuí apartando de mis pensamientos todo este asunto y si alguna vez hablé de mi viejo amigo no fué más que de anécdotas de niños.

De lo que hizo o dejara de hacer Apolíneo en la cueva poco se sabe. Después de su vuelta me enteré  de algunas cosas por una pastora que frecuentaba los montes y que, según decía, le tuvo por novio. Aseguraba la mujer que Apolíneo, según se levantaba por la mañana, recorría los lugares por donde había dejado los cepos y los lazos, de vez en cuando encontraba un conejo o alguna perdiz y con eso, algunas bellotas que recogía, cuatro patatas que había sembrado y algo de leche o queso que le llevaba ella, subsistía perfectamente.
 Las tardes, al parecer, las pasaba en la cueva escribiendo en cuartillas que no se sabe dónde había conseguido. Reescribía los clásicos de los que había oído hablar. A modo de remake personal llegó a escribir más de cien obras basadas en otras tantas, siempre lo mejorcito de la literatura universal. Se contaban entre estas obras ensayos filosóficos, novelas, poesía y hasta algún cómic. Tenía, por ejemplo, un "Quijote" en el cuál Sancho acababa harto de servir a su amo como escudero y se hacía nombrar Caballero, consiguiendo finalmente su ansiada Ínsula por méritos propios. Había también un "Hamlet" en el cuál no olía a podrido en Dinamarca, siendo toda la trama conspirativa un invento de la mente enferma del príncipe, que finalmente sanaba y todos contentos. De los libros de poesía dicen que se conserva uno, una "Antología" de Lorca, majestuosamente reescrita por mi amigo, que tienen en la Biblioteca Nacional bajo llave y no puede consultarse, pero se rumorea que es la mejor obra poética en castellano jamás concebida.
Aparte de su dedicación a la literatura le gustaba construir objetos sofisticados, a pesar de lo precario de sus recursos. Decía la pastora que de entre lo que más llamaba la atención sobresalía un reloj hecho de esparto que, por supuesto, funcionaba y una bombilla de luz imperecedera que albergaba dentro un ecosistema idóneo para las luciérnagas.
Poco más me han contado de las costumbres que mi amigo mantuvo durante este tiempo que sea digno de ser mencionado.

Cuando volvió, hará ya seis o siete meses, vino enseguida a visitarme después que hubiera visto a su familia. Quiso que hablaramos de mi pasado y de su futuro. Se interesó por mi vida, pues necesitaba saber todo aquello que se había perdido, "hacerlo mío en parte"- decía. Le conté todo, cada día, cada canción, cada mujer, cada placer, cada irreverencia, cada desazón. Cuando hubo quedado satisfecho me habló de sus planes. Tenía previsto seguir escribiendo, esta vez obras genuinamente suyas. Quería provocar a la gente, quería remover sus cerebros, agitar sus conciencias y desorganizarlo todo. Hablaba de matar al ser humano y parirle con olor a nuevo. Yo le escuchaba sin entenderle del todo. Sin soltar mi vaso de vino le escuchaba, cada vez más ebrio, le escuchaba pero le escuchaba de fondo. Creo que acabé durmiendo durante horas. Desperté con el alba y allí seguía. Allí estaba Apolíneo, seguía hablando, no le importaba que me hubiera dormido embriagado. Hablaba y hablaba y me miraba como siempre me había mirado, como un amigo, como cuando niños. Y debieron haber pasado nosecuantasmil horas cuando por fín terminó. "Pero yo sólo no puedo, tienes que ayudarme" - me dijo.

Así que me instruyó. Me dijo "tu serás el anfitrión de la mente de los dos".

Allí estábamos, en la verbena del pueblo. Aproveché el escenario vacío cuando acabó la rifa. Me subí y cogí el micrófono. Empezó el delirio. Él estaba a mi lado, embozado en una capa negra para que no pudieran verle. Me iba susurrando, como Cyrano a Christian. Todo el mundo estaba espectánte. Dijimos por mi boca muchas cosas, de las cuales no me acuerdo de todas porque, claro está, había bebido.

- Tenemos que hacer la guerra. Nuestra generación no ha vivido la guerra. Es necesario.

¡Qué alboroto causó eso!

- ¿Qué sabras tú de la guerra? ¿Qué sabreis vosotros? No deberías ni mentarla - gritó un viejo cualquiera.

- Pues...(Repitemeló, Apolíneo) Pues ¿no estaís siempre hablando de la guerra? ¿No vivís en ella todavía? ¿No sentís el odio y la misería de aquellos días? ¿No nos habeis intoxicado con ella? Ya no sabemos si nos fascina o nos asquea. ¿No estais siempre figurandoos que hubiera pasado si hubiera acabado de ésta o de aquella otra manera? Bla, bla, blaa, la letanía de siempre. Poco importa, haremos la paz. La historia es la paz y no la guerra, como muchos otros se atreven a decir. Sí, haremos la paz o si lo preferís nos matamos aquí mismo entre todos.

Y no acabé de haberlo dicho todo, porque el bullicio tapaba mi voz amplificada. Pero al punto mandé callar y todos callaron. Ahora quería hablar yo. Me había venido arriba y dije sin que Apolíneo me dictara:

- Esta noche tendríamos que celebrar que estamos vivos, que somos amados por alguien, de ésta o de aquella manera. Del amor nadie se salva. Trágico, nadie muere sin ser amado. Lucifer era el más amado de todos los ángeles.  El error...¿dónde está el error? No hay error sino miedo. Todo el mundo lo dice, sale en las películas, tiene versos propios, es una frase hecha mucho antes de que todos vosotros hayais nacido.  En la verbena los niños juegan, los mayores bailan, que no es sino otra manera de jugar. Es una comedia en la cuál todo el mundo bufonea. ¿Teneis miedo mientras estais aquí? No, ya sé que no. Aquí todo el mundo juega y sueña ¿Quién podría atreverse a arruinarnos la velada si todos nosotros reimos?... ¿Podríais hacerme el favor de pasadme una limonada de la barra? Apuntádlo a cuenta del alcalde. Por favor, tengo la boca seca.

Al día siguiente valorábamos Apolíneo y yo nuestra primera actuación por un mundo mejor:

- Apolíneo, amigo, consientemé que te diga que tus palabras no eran tan divinas, después de tantos años en una cueva esperaba algo con más fuerza, algo más sentido. ¿Y el tema elegido, la guerra? Joder, no sé. No sé, de verdad. Creo que anoche nos quedamos a medias...y si acaso hubiéramos hecho una performance o algo...

- Al menos no me dió por hablar del amor, que parecías el hijo de Dios. ¿Y que fué eso que dijiste del miedo? Igualito que un libro barato de autoayuda.

- Quizá tengas razón. En fín...

- Sí, en fín...un absoluto fracaso entre los dos.

- Diría que no tanto, mi querido amigo.

- ¿A qué te refieres? No te andes con devaneos que ya nos conocemos. Deja el vasito quieto.

- ¿No la viste? ¿No viste a esa chica, esa que era de aquella manera y que decía lo que decía?

- ¿La del pelo tan bonito y los ojos tan bonitos? ¿La del discurso elocuente? ¿La mujer imprevisible, a ratos inoportuna, que iba y que venía, la que no podíamos entender del todo pero entendíamos muy bien a medias?

- La misma que calza y viste, digo yo, que así no había otra.

- Sé muy bien quien dices ¿Cómo se llamaba? Estoy bromeando, claro que me acuerdo. ¡Un bonito nombre!

- Faltaría más, Apolíneo, que sus padres de un arrebato idiota la hubieran llamado con el nombre de alguna aberración mitológica.

- Dejaté de sandeces. Vete al grano, ¿Qué pasa con ella?.

- Que quiero conocerla, Apolíneo. Querría preguntarle "¿Qué hay dentro de esa cabeza?".

- Pensaba que dirías "dentro de esa ropa".

- Anda, no te burles. ¿Y bien?¿Qué me dices?

- Que yo también. Yo también quiero conocerla, Dioniso.

APOLÍNEO Y DIONISO: ¿Querrá ella? ¿Querrá ella?

ELLA: Vaya tela. Pues...

- ¡Eh! ¡Calla! Maldito autor, inventándose cosas.

AUTOR: Y tú ¿Quién eres? ¿Por qué te entrometes?

- Soy un ser apersonal. Me introduzco en los relatos y me inmiscuyo en los asuntos que se me antojan. Verás, este es un caso clarísimo de gilipollez. Empezaste bien, con ese toque costumbrista, pero luego te vas por el camino del realismo mágico, así, sín más. No hablemos ya de ese juego con los alteregos, Apolíneo y Dioniso ¡Podías haberlo disimulado más llamándolos, por ejemplo, Polineo y Dionisio! ¿Y el giro final del argumento, metiendo por medio a una mujer concreta pero impersonal? ¡Y encima querias darle voz a ella! ¿Por qué coño la molestas? Como se te haya ocurrido inspirarte en la realidad, la ELLA real debería, por lo menos, exigir una discula pública, o mejor ¡escarnio! Literalmente su respuesta no hubiera sido más que la aceptación o el rechazo de la propuesta de un trío, si te das cuenta, si es que te la dás.¿O me dirás ahora que pretendían conocer sólo su alma? Tal vez hubiera elegido, cierto. Entonces al carajo con el otro ¿Con quién se queda, con el borracho o con el listillo de la cueva? Mal hecho, muy mal. Lo que me faltaba por ver...menos mal que he llegado a tiempo de pararte los pies antes de que éste delirio hubiera ido a más. Maldito seas, Alfredo, maldito seas.













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